Había una vez una chica que estaba tan acostumbrada a los cuentos de hadas y sus finales felices que incluso llegó a creer que los príncipes azules realmente existían y que un día aparecería el suyo.
Envuelta en sus sueños y en las miles de historias fantásticas que había leído, pasó su tiempo y los días se convirtieron en años. Un día soleado recibió una nota de papel que le confirmaba lo que tanto había estado sospechando:
"Princesa, ha sucedido algo que me va a impedir llegar a tiempo a nuestro encuentro. Espero sepas perdonarme y puedas esperarme. Firmado: Tu Príncipe Azul".
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